martes, 25 de noviembre de 2014

El tiempo ileso

                         a Ángel Campos Pámpano

Por tu caligrafía
el mundo aprende
la luz que acechas.

Queda en tu trazo
el bullir de una fuente
ahora al alcance.

No mancha el viento
el zigzag de los pájaros
antes de irse.

Era tu gesto
la manera sencilla
de celebrar el aire.

Tras tus palabras
vi arder la clara hoguera
de otra existencia.

La simple línea
trazada en la frontera
de la mirada.

Más que literatura
la meta del poema
era la vida.

Pese a la puerta,
como el río que pasa,
que un día abriste.

Cuando me faltas
vuelvo al refugio
de los cálidos nombres:

Caligrafía
sobre el papel intacto
de la tarde dorada.



*(Sorprende leer 30 años después de ser escrito -y así ha pasado el tiempo sin que los poemas desfallezcan- esta cita de O Cais, en La ciudad blanca: "Escribir es recuperar su ausencia: / esta sabia costumbre de los ríos / de morir en el agua o en el aire." Y estas palabras, especialmente las del primer verso, se alzan hoy que cumplimos seis años sin la presencia de Ángel Campos y nos acercan en torno suyo a quienes entonces compartimos su vocación por la amistad y lo poético, que siguen siendo en mí un modelo vigente. Él continúa en la memoria de quienes mantenemos el relieve entrañable y acogedor de su voz, el abrigo de un cuerpo familiar y grande y, bajo su ingente cúmulo de proyectos, su vibrante emoción por lo que fue su origen y su entorno. Fue un ser de hermosa carne y hueso. Nos legó en su expresión un camino valioso.)