lunes, 30 de junio de 2014

Para Leda

El mago que abandona sus misterios
y saluda su adiós
                                 a las estrellas.
Ráfaga de placer,
                                 tu humilde estela,
le petit prince y un árbol de la luna
que diera unos pasteles luminosos de rana.
¿Quieres probarlos de noche antes que el alba
te descubra y se inunden los dedos de colores?
Mi camisa se agita con los duendes
de una niña que amaba a las ardillas.
Me trajiste el amor a mi sonrisa,
cruzaremos el mar en bicicleta.



* (Entre los poemas finales de Las horas próximas, está esta despedida a una niña. Como quien abre una caja de magia, todos sus elementos aluden a vivencias cercanas, teñidas por el juego y la ausencia de sombra: los paseos en bicicleta y a pie al recogerla alguna mañana, el refresco de zarzaparrilla y unas pastas de azúcar en una tasca céntrica y antigua, los cuentos inesperados y maravillosos ante esos ojos que los escuchaban. En suma, el regalo de la infancia, capaz siempre de visitarnos y recordarnos que era otra la vida, como ahora -años después, más demoradamente- me devuelve mi hija.)
   

viernes, 13 de junio de 2014

Resolución

Aprendí de tu acento
un paisaje distinto:
que el perfil de las rosas
siente también el tacto,
que el cielo es más humano
cuando pasan las aves,
que en la umbría la hiedra
me configura un rostro.
Lo celebro en mi copa.
Vendrá después el cierzo.
Más adelante otros
vivirán algo análogo.
Pero en días templados
sin un pesar ni urgencia,
nada, si es breve, es frágil.
La consciencia es vivirlo.
Y llave, haberlo escrito.