miércoles, 26 de octubre de 2011

Ante el invierno

                                                   Sé y a la vez no sé de muchas cosas,
                                                   y no he venido a ser ejemplo ni camino de nadie,
                                                   ni una forma obligada o trayectoria útil.
 
 
Soy el superviviente de mí mismo.
Con los años cada pasión alcanza su vacío,
pureza o levedad
con la que ven mis ojos
tibios y preparados para mirar más lejos.
Sólo la voz contiene -y ejerce- ahora todo.
Y el cuerpo deja el rastro lineal del silencio,
del hermoso sentido lúcido de un destello
al mediodía limpio sin declive vivido.
Como escalar el tiempo bajo esa necesaria
comprensión del que sabe que el triunfo era otro.
   

viernes, 21 de octubre de 2011

Centinela

Al olvidarse de sí mismo, el escritor aparta de la vida una sombra y entonces puede verla. Así, sabe quien habla. Y la palabra y él llegan al mundo.

Si se ha sentido el ámbito preciso de lo mínimo, cómo volver para contarlo.
   
 

* (Hoy es el cumpleaños de F.J. Irazoki. He imaginado el sonido de su nacimiento en aquel caserío de Lesaka que visité hace años. En su voz persiste el mismo pulso de quien desgrana el tiempo asomado al reflejo del pozo que dio de beber a la casa y los pájaros. Por eso viajó lejos, con las vocales sin daño de sus ojos. En ti cupieron lenguas que no entienden de guerra ni se manchan. Y una red con el nombre de todos los amigos. Un abrazo.)
   

martes, 18 de octubre de 2011

Dos reflejos

Tu risa escala
futuro, día.
  
Mezco en el agua
aventura y semilla.
  
Cómo no ser
blancor, mañana.


          * * *


Entorno claro,
y oigo, brisa serena,
sed sin centros.
  

miércoles, 12 de octubre de 2011

Vivaldi nos asalta por sorpresa

                                               Descalzo las esquinas de un triángulo
                                               inerme, inacabado y lluvia,
                                               descoso en alacranes
                                               y voy como bajando
                                               recodos vulnerables de placentas,
                                               una estación donde Vivaldi
                                               está muy triste,
                                               donde tu cuarto crece
                                               y nos inunda,
                                               y hasta tu voz se viste paranoica
                                               intermitente de polillas.


Los curas pelirrojos se suicidan.
Noticias como estas no están en los
periódicos, y no hace falta descubrirlas
a los pies de la gente. Lo efímero
lo advierte. Y usted, usted
que no comprende sino labios de
amor y en este río me dice que es
tristeza mirar la cumbre de los árboles,
esconde lagrimones que le ruedan
como niños perdidos por sus ojos.
No hay estación donde subir
su sueño de violines
y esta noche lejana de palomas internas.
    
 

* (Un salto atrás para volver a este poema juvenil de cuando la escritura se poblaba de imágenes y una musicalidad que inundaba todos los sentidos. El modelo que había supuesto Canto de la distancia de María Rosa Vicente y el interés por cierta poesía de irracionalidad metafórica de aquellos años explican este enfoque. El lenguaje descubre el hechizo del mundo recreado con la intención original de lo intacto. Como decían entonces los jovencitos donostiarras de Cloc que se habían dejado caer por el Don Benito del 77, había que ser con la capacidad de pureza de los ojos de un niño. Incluido el autor, es evidente. Aquella tarde de Valladolid, ante el asombro de una inesperada pieza de Vivaldi en la radio, aquel joven escribe, como un Magritte o un Chagall, unos sueños que en su fragilidad quedan a salvo. Se me ha preguntado alguna vez, pero la disposición de los versos respeta la espontaneidad de aquel instante.)
   

jueves, 6 de octubre de 2011

Saber

Si la muerte desnuda
todo el saber no vale,
que morir no es mudanza,
es el tiempo que borra.
Lo advertía el olvido
desde su transparencia.
Deja correr la vida.
Detrás de la materia
cae el velo que falta.
    
 

* (Hace unas horas se supo del fallecimiento de Steve Job, con 56 años. Anoche mismo lo había recordado, mientras deseaba que estuviera bien. ¿O fue así el modo de haberme despedido? Nos vamos en silencio, pero reconozco en su paso algo admirable y limpio. Quien lo haya conocido, sabe que era profundo: Concebía lo hermoso e hizo fácil ir lejos.
   

sábado, 1 de octubre de 2011

De regreso

Miro otra vez las plantas del jardín tras mi viaje.
Toco el verdor que me ha aguardado.
Es lo que espero.
Poder mostrarlas cada nuevo día
como una ofrenda limitada, clara,
de un breve espacio recibido.
No sé si el mundo entero está en mi mano,
pero en el cuenco de esas flores
entrego una razón y un equilibrio.
Al aire apuntan, y una raíz del cielo
devuelve al rostro del relieve mío
el sueño abierto de un remanso.
La umbría que buscamos
conduce al corazón y a la memoria,
como el musgo paciente está en la piedra.
Una mañana verde, no la historia me calma.
Nada más dulce que una mano,
y sin embargo temo su dureza y hurto.
Será la tierra la que cambie todo,
no su habitante ajeno al suelo limpio.