sábado, 27 de agosto de 2011

Saber de niños

A la vuelta de una tarde de baño en una playa sucedió la conversación siguiente. Yo andaba con los pies por dentro de la arena y le dije a mi hija: - Marina, mira, mis pies no se ven, son un metro. 
A lo que respondió mi mujer: -No le enseñes esas cosas, yo una vez así me rompí una uña.
Un poco decepcionado contesté: -Por favor, no es para tanto.
En ese momento, como un árbitro repentino e ingenuo, la pequeña intervino.
-Oye, no discutáis. Sois diferentes. Papá con los pies hace un metro. Y tú, mamá, ten cuidado y no te hagas daño con las piedras.
Hubo que sonreír y mirarnos antes de, al salir, sacudirnos la arena todavía pegada con la toalla.
  

martes, 23 de agosto de 2011

La cala

Cuando la tarde es nombre,
y el pino una palabra,
y el mar en oros muestra
una eterna memoria
indescriptible, ingrávida,
cuya luz nos pronuncia
entrando en cada célula,
y su fanal no quema,
sencillamente limpia,
qué voz no arriesgaría
más clemencia de soles
antes de que decaiga
este espejo en su fuga.
Dorado se mantiene
el sol, cuerpos, espigas,
el perfil de las sierras,
el vaivén de las olas,
la paz de los insectos,
la intemporal nostalgia
de volver a este instante
y a la vez haber sido
su fulgor y su huella.
Un oro permanece
sobre el espacio a pulso
y sostiene el deseo
de no ser transitorio.
¿Y si es verdad? Atiende.
No sea que en los ojos
tanta luz no se pierda
y ofrece tus palabras
a este ocaso que vibra.
  

viernes, 19 de agosto de 2011

Lección de Rozas

Ni siquiera se escribe para uno mismo. Se escribe porque se tiene que escribir. Leer luego es un recorrido de espejos por nosotros y el mundo a través de una selva incesante donde todo se forma, para ver en lo dicho, accediendo a los nombres, entrando en lo nombrado.
  
Y hay un bosque de signos donde entendemos de otro modo. Decir el aire, la luz, los elementos. Un lenguaje sin peso, donde la voz se abre y el instante se inicia. Pero también la palabra que cae, la del tacto que rompe y exige para sí lo que nunca fue fácil, en lo desposeído y lo negado. La armonía y el daño convergen en lo mismo, un idéntico espacio, un territorio limpio.
   

martes, 16 de agosto de 2011

Indolencia

En la laguna,
la arcilla recrea
siluetas de sombra.
  
Debajo del agua,
el maíz y la arena
de una mejilla.
  
Cuando caiga la noche
tendrás sin falta
la palabra que buscas.
  
Pregunta siempre
a la lechuza
el camino de vuelta.
  
(Sesimbra/Lisboa)


* (Este poema, terminado de hacer el pasado 26 de julio en el aeropuerto de Lisboa, evoca, en la vitalidad de unas sensaciones simbolizadas en el agua, ocho días de un especial remanso en tierras portuguesas a orillas del Atlántico. Como si uno hubiera venido aquí a reposar en sus fuentes. Debe ser esa la relación con lo magnífico: disfrutarlo de corazón unos días cada cierto tiempo. Al leerlo, por la ventanilla del avión estaba el mar de paja del estuario del Tajo. Y el sabor del retorno. Hasta siempre.) 
    

viernes, 12 de agosto de 2011

Évora

De nuevo en la ciudad de cal y piedra,
Évora amurallada y cadenciosa,
debo pedir perdón a la rosa que llora.
Sostuvo el pétalo no sólo la ternura
sino la magnitud de aroma en una reja.
El toro en la dehesa pace, inclina
su libertad solar, su calma intacta.
  
II
  
Despliegan sus velas
al calor de la tierra
las fachadas blancas.
  
(Sesimbra)
  

lunes, 8 de agosto de 2011

A Jordi Gual

Todo el azul del mar al mediodía
y en él la estela blanca de quien ya en otra vida
me señalase ahora como entonces las rocas
desde su suavidad y mirada tan quieta.
Es aquí tu distancia lo que en verdad nos cuesta.
Que no puedas tocar con nosotros la brisa
y en ella nos llegaran otra vez tus palabras.
Así ahora es tu ausencia,
tu constante no estar por más que la memoria
nos sostenga las formas y tu voz requerida.
Sólo fue un paso previo el que diste y, al cabo,
qué orfandad nos dejaste para cruzar la tarde.
Sé que estás y te hablo, y nadie me responde.
Y lo que estuvo dentro persiste aunque no vuelva.
Tal vez en esta quiebra tú nos miras ileso,
como si de este suelo pudieras levantarnos.
Pero vuelven las fechas de aquella despedida
y ante el mar hoy leía una invisible marca
como un ave de espumas por la que no te borras
a la que le he pedido que dibuje tu nombre.
 
 
* (Ayer, 7 de agosto se cumplían dos años de la pérdida de quien era, sin duda, el mejor amigo que disfrutaba en Mallorca. A la vez que ya suman catorce años de esta segunda residencia mía en la isla. A los pocos días de llegar en aquel verano del año 97, tuve que asistir en Vilafranca al funeral de otra excelente persona, Francisco Amengual, amigo íntimo de Santiago Castelo que me lo había presentado desde algunos años atrás y al que esperaba tratar ilusionadamente al llegar de nuevo a Mallorca. Sin embargo, la urgencia temprana de la muerte hizo que no. Como con Jordi Gual y en el mismo lugar, Vilafranca, volvió a suceder. Hay un reloj interno con estas marcas de lo inevitable que extiende compasión en estas fechas sobre ellos y sobre nosotros, al igual que cuando nos asaltan a veces conversaciones figuradas, o al principio era imposible visitar los lugares compartidos sin que estremeciera no verlos. Pero la muerte, en lo que tiene de separación irreparable, en ocasiones resuena si cabe más en quienes nos conducían a lo mejor de nuestra alma, como si fueran parte de ella. Me doy cuenta que esta era una especial cualidad de Jordi con sus personas más cercanas -y queridas. Ellos entenderán que hable hoy con nostalgia.)
  

viernes, 5 de agosto de 2011

El portal del instante

Repetidos lugares para estados de siempre: los saltos de un gorrión, hábiles, temerosos; el bullir -casi palpable ahora y sordo- de una fuente; el viento a ras de suelo del mosaico que observas; el bullicio que tapa el surtidor donde el agua te abre ese segundo en que de pronto ya no eres el de antes y cuando partas volverás a donde sabes. Una línea de agua en que nada es lo mismo, dirigida hacia adentro.
  
(Sesimbra)