martes, 29 de marzo de 2011

Retrato de Evelyn Nesbit por Gertrude Käsebier

                                    Me miras desde un tiempo que no existe.
                                                        Y ya no puedo sostenerte la mirada.
                                                                                                      Elías Moro


Tampoco tú conoces mi dominio.
Si te mueves, no eres más que otra imagen
o admirable espejismo
de un expuesto deseo indescifrable.
No es posible encontrarnos.
Para entrar en el mar
inclinas el desierto.
Pero el aire de entonces
no entiende del dolor que recompones.
Ni de otras recompensas.
En el olvido cabe
el gesto que tuviste.
No me oyes y sufres.
Posé para esperarte
y alabo -sin tocarte- que hayas vuelto.
 
  
* (Hace un rato, al visitar el incesante El juego de la taba de mi amigo Elías Moro me he paralizado ante la sorpresa de una entrada que, así de inesperada, me llamó como a uno de sus destinatarios. Desconocía hasta hoy la imagen de ese retrato de Gertrude Kasebier a la modelo y actriz Evelyn Nesbit, pero las palabras de Elías a pie de foto -de cuya cita parte mi poema- han precipitado en mí la necesidad de contar lo que desde la naturaleza del papel sepia no era en principio posible, salvo por el hechizo de la contemplación y ese requerimiento que interroga el reencuentro. He tomado prestada la voz de Evelyn Nesbit desde la espiral del pasado para saciar los oídos de quien así, sin nombre, en espera baldía, lo aguardaba. En la atrayente y tortuosa historia de esa mujer, la belleza salvó sus iniciales carencias materiales sin asegurar más que fugazmente la felicidad perseguida del afecto. Si acaso, incluso lo contrario. Nunca tras lo truncado la derrota diluye el destello interior de esas fidelidades habidas entre el azar y el arrebato.)
  

domingo, 27 de marzo de 2011

Homenaje

Nadie se queda en un volcán que no sea por un amor inconmensurable a la humanidad (y a sí mismo).
 
A los trabajadores del accidente nuclear de Fukushima 
-ninguna palabra en vano-
con un profundo respeto a la dignidad de su esfuerzo.
 
Sacrificio: hacer algo sagrado (sacer facere)


* (Por cierto, mamá celebra hoy su cumpleaños. Felicidades, desde lejos.)
  

miércoles, 23 de marzo de 2011

Oasis

No hay intemperie
que merezca el viaje
cuando tú acoges.

¡Qué incertidumbre
que tu estrella de gozo
sople tan libre...!

Al besarte los ojos,
mujer hermosa
que cegaste a la noche.

Tras la ventisca,
las lágrimas de un hombre
que a tierra vuelve.
 
 
* (Sirva este cuento oriental para conjurar como Sherezade otro de los episodios de este marzo difícil donde -es el caso de Libia- el señor de la guerra y el ruido de la muerte exhiben ahora su aquelarre de heces. Y así cierro de paso esta inesperada trilogía en haikus que han respondido de este modo a la adversidad de estos acontecimientos.)
 

jueves, 17 de marzo de 2011

Fukushima (conciencia y sueño)

Dentro del átomo
la avaricia del hombre
se descompone.

Un camposanto
sucede a un arcoíris
letal sin aire.

Denso silencio
que impregna de cemento
devastaciones.

Sobre el cerezo
la boreal tristeza
al caer huye.
 

martes, 15 de marzo de 2011

Tsunami

Tras la tormenta
el aire transparente
ignora el duelo.

Sobre lo hundido
recoloca semillas
como al comienzo.

Lo que nace despierta
de una noche de lodo.

Para más vida
la muerte se retira
aunque no tiembla.
 
 
* (En La posada del Sol de Medianoche, Alfredo J. Ramos publicó ese mismo día 11 de marzo una entrada titulada Japón, otra herida. Este poema en haikus que allí le dejé surgió al hilo de las imágenes y consideraciones de estos días. Me situé ante las más íntimas, la incomprensión de lo que se destruye y la imparable continuación de la vida. Por eso escribí: "Hay que buscar motivos para el día siguiente. Tras el vuelo desconcertado de las aves, ellas volverán a buscar lugar para su nido." Hoy, el añadido daño del creciente riesgo nuclear de los reactores dañados todavía en la incógnita de lo incalculado, abren otra reflexión paradójica en el país que ya padeció sobre su población civil el efecto de las bombas atómicas, occidental manera de acabar una guerra. Según qué bando las muertes se cuentan como genocidas o pacíficas. Habrá que mirar en meditación una puesta de sol desde la cumbre del Fujiyama para pedir perdón por tantas miserias de tan numerosos y graves errores nuestros, como si alguna herida al mundo o a la vida hubiera, por mínima o mayúscula, a alguien ajena.)
  

domingo, 13 de marzo de 2011

Del presente

Casi cincuenta años,
un mero aprendizaje,
el cuarzo vuelto luz,
desorden quieto,
el tacto, el desencanto,
el paisaje que sabe
la mirada en silencio,
palabras con señales
que esperaban de siempre
-un niño toca el sol
que en vilanos deshace-
y el aire, siempre el aire,
y el suficiente olvido
que repare de noche
el peso de lo intacto
y así seguir de nuevo
otro día despierto.
  

martes, 8 de marzo de 2011

De lo adverso

(evocación desde Bellver)
               
                                      a Miguel Ángel Lama
  
La vida no me ha dado
como a Tántalo
otro don que el de la perspectiva
por siempre en la distancia
de los seres amados,
y el sueño de una tierra
más benéfica
o sin el sinsentido de mis pasos.
Detrás de estas ventanas
cada tarde
hago de este destierro
mi clemencia
e invoco la razón
de lo negado.
  

jueves, 3 de marzo de 2011

Un juego

Hay días que al mirar para atrás aparece el relieve y espacio de todo lo que ha muerto. Los finales del todo inevitables, pero también los adioses no previstos ni invitados, repentinos algunos, otros lentos como un cuchillo indeciso y profundo, casi siempre sin ojos, porque así es el gesto del que desaparece. La mayoría son de rostros amados camino de otros signos o encerrados en un circular desaliento al que no cabe importunar porque también es un reto y un momento sagrado a la espera de algo.

Mirar hacia adelante con este sabor huérfano nos da la sensación de un recorrido por un sendero blanco y asistido de frío en el que al menos el juego distraído del aliento mientras atrapa formas con su vaho nos devuelve a ese intemporal contacto con el mundo de cuando fuimos niños, tal vez tan necesario para limpiar el pecho del camino sembrado con flores entre vidrios.

Mas el recuerdo sostenido en las manos de todo lo que fuimos un día incendia la conciencia de que aquello era también un juego, un juego por encima de la ira y el miedo, el rechazo, lo amargo, el engaño encontrado. De repente, nos sacude de ese interno diálogo aislante un recodo de sol que deslumbra los ojos para tomar aliento y atender hacia afuera todo lo inesperado. Sí, dejar de pensar y cerrar el pasado inevitable y viejo para sentir lo próximo, y saciarnos de aquello donde nada faltaba y estaba para hoy rodeándonos.